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  • Mar Rodriguez

De la vergüenza al orgullo



Lxs niñxs gays y lesbianas se dan cuenta a una edad muy temprana de que son diferentes, no saben exactamente “como” son diferentes, o como definirse a sí mismos porque no tienen permiso para explorar otra cosa que la heterosexualidad”.

El orden familiar y social les transmite el mensaje: “Te amaremos incondicionalmente siempre que seas heterosexual o hagas como que lo eres”, afirma Joe Kort, Psicoterapeuta Afirmativo (1).

La pregunta por la orientación sexual puede aparecer en la infancia, pero se vuelve real y problemática en la adolescencia, cuando la mayoría de los heterosexuales comienza a mostrar interés en el otro sexo, al niñx LGTB se le hace muy evidente que no se trata solo de su identidad, de quien siente que es, sino a quien ama o desea.

La edad puede variar según la historia de cada uno, pero lo decisivo es que el niñx se da cuenta que ser “maricón” es algo “malo”, que se utiliza como insulto, aún antes de definir su orientación sexual. Esto produce confusión y ansiedad, ya que para ser él mismo tiene que identificarse con una categoría rechazada socialmente.

Si no hay alguien que ayude al niño a cuestionar el efecto del insulto y a validar como positiva su elección de identidad, este aprende que está mal ser lo que es, e interioriza el odio que vive en el exterior.

A partir de allí se aprende a encubrir quien es, empieza a guardar el secreto. El armario antes de ser una cárcel, es un lugar que protege del insulto y de la vergüenza.

A nivel psicológico esto tiene múltiples consecuencias, pero hay una fundamental: mantener en secreto lo que se es, impide al niño contar con el amor y la ayuda de sus padres para comprender lo que le pasa. Una parte esencial de su vida empieza a vivirse en soledad y se elabora con las herramientas que tiene: armas infantiles para lidiar con algo demasiado grande. Por ello puede suceder que el desarrollo psico sexual quede detenido, esperando el momento de crecer, explorar y vivir la sexualidad libremente.

La experiencia de la vergüenza nos enseñó durante la de adolescencia que había algo en nosotros que era defectuoso, indigno de ser amado, y que debemos dedicarnos a “hacernos querer” si queremos sobrevivir. Teníamos hambre de amor y nuestra misma existencia dependía de ello”.

“La vergüenza tiene su raíz en la experiencia de ser diferente, “de ser el que no encaja”. Por ello, a medida que la homofobia comienza a disminuir en nuestro mundo, los gays todavía tendremos que hacer el trabajo de reconocer todas las formas en que hemos aceptado “no ser dignos de amor” y hacer el trabajo necesario para eliminar tales creencias de nuestras vidas”, nos dice Alan Downs en su libro “The Velvet Rage”(2).

¿Qué pasa entonces después de salir del armario?, No se sale de una sola vez, es un proceso, el trabajo de toda una vida. Un trabajo de “auto creación”, que implica cuestionar la identidad asignada, renunciar a ser lo que se esperaba de nosotros.

Decir lo que se es, es el inicio de un proceso donde habrá que re escribir una historia que quedó coartada. Proceso que incluye aprender una nueva forma de amar, de amarse a sí mismo.

El niño herido tendrá que hacer el duelo por lo que le faltó, por la ayuda que no recibió, por el tiempo que pasó siendo lo que no era para ser aceptado. Tendrá que hacer algo con esas emociones armarizadas durante tanto tiempo.

Salir del armario es salir de la soledad, de la vergüenza que detiene, soltar la rabia y empezar a descubrir quien se es, más allá de las miradas que no vieron y del amor que no supo abrir la puerta.

Referencias

(1) Joe Kort: “ Gay Affirmative Therapy for the Straight Clinician”

(2) Alan Downs: “The Velvet Rage”.


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